sábado, 7 de diciembre de 2013

¿Cuándo llegará el Socialismo?

Cuando escribo en este blog, es por que existe la necesidad de comunicar hechos o circunstancias relevantes, situaciones que cambian poco a poco mi paradigma, la forma de ver la vida.

Hace algunos años decidí casi sin querer dedicarme a la política, trabajar con un fin preclaro, buscar un lugar de estabilidad relativa desde donde poder ayudar a los demás. El último espacio fue un municipio, ahí trabajé incansablemente por lograr llevar algo de desarrollo a una de las comunas más abandonadas de la Región de O´Higgins, quizás entregué un granito de arena, pero con un alto costo personal. 

Circunstancias que hoy no vienen al caso provocaron mi renuncia y abocarme a uno de mis principales vicios, "Las campañas políticas", fue así como comencé a recorrer metro a metro las comunas de Lo Espejo, Pedro Aguirre Cerda y San Miguel, las dos primeras las defino como una de las más vulnerables del país.

¿Sabían ustedes que los narcotraficantes en estos sectores tiran fuegos artificiales para avisar que llegó droga?, Lo Espejo tiene el mayor índice de natalidad de estas tres comunas, pero la mayoría emigra a otras comunas, ya sea porque no tienen espacio en sus hogares, porque la educación municipal es pésima o simplemente por el estigma que significa vivir allá. Los factores pueden ser variados, pero las condiciones de sobrevivencia son paupérrimas, sin parques, sin canchas para desarrollar deportes, una salud municipal de mala calidad y lo peor, con maltrato a los pacientes y con alcaldes a lo largo de la historia sin educación e indolentes con el sufrimiento humano. 

El Pedro Aguirre Cerda la cosa no es distinta, todos los vecinos se sienten discriminados, que de la linea para allá o para acá, que de Departamental para uno u otro lado, pero la sensación existe. En un puerta a puerta se acercaron dos dirigentes de un club deportivo de la histórica Población La victoria, para solicitar un tarro de pintura para rallar la cancha, cuando el candidato los subió al automóvil para ir a una ferretería y comprar lo requerido, ellos se emocionaron y nos contaron que llevaban dos años pidiendo a la alcaldesa y al diputado comunista esta pintura, pero simplemente no los habían tomado en cuenta.

La sensación de abandono es extrema y se siente, no hay inversión urbana, las calles de asfalto llenas de cráteres producto de las barricadas que se realizan para fechas importantes como la víspera al 11 de septiembre, para el día de joven combatiente, conmemoración de la muerte del padre André Jarlán o el aniversario de alguna de las poblaciones; la gente camina con la cabeza agachada, como sosteniendo sobre sus hombros el peso de años de lucha en las tomas, así como de discriminación social y política.

San Miguel es distinto, existe una clase aspiracional, donde el origen es el mismo de las otras dos comunas, pero hacen la diferencia, es así como existe la "Villa San Miguel", complejo habitacional de departamentos sociales, que cambiaron su nombre de población a villa simplemente para subir el "estatus", cosa que me imagino que sólo se ve en nuestro país. Un concejal radical nos decía que "San Miguel no es sólo El Llano" y efectivamente es así, aunque el nivel de las escuelas municipales es bueno según el último Simce, esta comuna tiene mucha pobreza escondida en poblaciones históricas, donde los adultos mayores son los que más sufren temas tales como el pago de contribuciones, los que desarman la economía familiar con pensiones básicas solidarias.

Desde mi escritorio y pieza casi tomada reflexiono sobre la diferencia en la calidad de vida de cada uno, todo esto parte por almorzar mi clásicos tallarines con huevos; este mundo es circular, a veces se está bien y otras mal, con o sin recursos, pero siempre tenemos un piso, tenemos un lugar desde donde pararnos, a qué echar mano. Pero las personas de la Santa Adriana, Santa Olga, de la toma de Las Turbinas, de la José María Caro, de La Victoria, Las Lilas, del sector de Lo Valledor y de muchos otros sectores que puedo olvidar, no tienen este piso, están condenados a vivir y morir en este ambiente lleno de drogas y delincuencia, donde cada 4 casas hay un microtraficante, donde cada 5 días lanzan hermosos fuegos artificiales para demostrar al mundo el poder de la droga.

Su población es altamente ideologizada, en todas las casas nos decían "jamás votaremos por la derecha", como si su única esperanza fuera que volvieran a gobernar aquellos líderes del socialismo de la canción de Mauricio Redoles "Cuando llegará el socialismo". Por lo menos existen gente con la meta de llegar a este tipo de personas, no seremos muchos, no podremos combatir contra los plasmas de 58 pulgadas que regala la UDI, pero si existe voluntad.


viernes, 5 de octubre de 2012

A 24 años

Cuando se trabaja en alguna campaña política, la realidad se transforma en un reality, donde todo está transformado a la presión y la convivencia constante.

A 23 días del sufragio, paro un par de minutos a pensar por qué estoy en esto, a analizar mi actitud casi kamikaze entregado de cabeza a lo que quiero, que es algo tan siempre como ganar una elección de una comuna que conozco hace 7 meses.

Cada vez que veo a mis adversarios políticos algo pasa en mi interior, siento que ellos son culpable de gran parte de mis trancas, que son quienes me hicieron conocer a mis primos a los 16 años, gracias a quienes cada vez que veía un paco me moría de susto, gracias a quienes mi familia sufrió las de "kiko y kako" simplemente por pensar distinto.

Cada vez que veo a esa vieja alcaldesa designada por Pinochet, no puedo dejar de recordar cuando el alcalde de Coihueco (Raúl Martinez) designado por el mismo genocida, a mis apenas seis años me negaba los regalos que entregaba el municipio para la navidad porque era "hijo de un comunista", cuando explicaba a los apoderados en reunión del Centro General de Padres de mi escuela que había que votar por la "culebrita", porque los que votaban por el "huevito", eran wevones.

Cuando recorro los pasillos del municipio pareciera ver a las mismas secretarias de allá, esas rubias a la fuerza que lo único que hacen es trabajar como ovejas para quien comete las arbitrariedades más grandes. Es imposible que en cada actitud, en cada paso que doy, no me imagine que estoy pisando sobre el mismo terreno hostil de los años 80.

Aún recuerdo el primer día que me encontré frente a frente con Cardemil, no fui capaz de subirme al mismo ascensor, dije frente a él "prefiero bajar por las escaleras". No sé si corresponde guardar aun tanta rabia por todas las cosas que provocaron y que en especial a mi gente les tocó de forma tan directa.

Hace 24 años ganamos el NO, y digo ganamos, porque participé de las marchas, de las reuniones en la casa del doctor Tohá, quien posteriormente fue diputado, porque sabía lo que pasaba y lo que estaba en juego. Porque desde que tengo memoria íbamos con mi madre a las fosas comunes del Cementerio de Chillán a dejar flores a los Detenidos Desaparecidos que se sabía que habían ahí, siendo pequeño asistía a las peñas folclóricas donde servía para darse cuenta que aun estaban vivos y que habían motivos para luchar.

Porque vi cómo llegaban los relegados a la provincia, con una mano por delante y otra por detrás y las personas cobardes que le negaban la ayuda. Porque nunca entendí por qué gran parte de mi familia vivía en el extranjero, con una palabra que no estaba en mi léxico, "exiliados".

Porque sé lo que es desde niño mentir para proteger a mi familia, cuando me encerraban en una sala de la escuela y me preguntaban si mi padre tenía armas, con quién se juntaba, si llegaba gente extraña a la casa y que pensaba del general Pinochet.

Lo que celebro hoy, es que se terminó este sufrimiento eterno, la inseguridad, el miedo, los asesinatos, los fusilamientos, la tortura, las violaciones, los exiliados, relegados... fue un momento donde la esperanza renació y donde sentí que la vida de mi gente volvió a florecer.

domingo, 8 de julio de 2012

Una noche distinta

Siempre defiendo mi soledad, arreglo palabras y versos para argumentar que me acomoda tener tiempo para las mil y una cosas que hago. es cierto, disfruto cada momento, cada segundo de vida haciendo las cosas que me gustan, que en su gran mayoría son el trabajo con la gente, con la comunidad o como diría mi jefe, con los vecinos.

Anoche, en cambio, me di cuenta que hay un lado que extrañaba, un lado tierno, más allá de la clásica pasión de una noche, que extrañaba el cariño, abrazar y no soltar, sentir un cuerpo junto al mio, a que me hicieran cariño en el pelo, a reírme de lo más tonto, la complicidad de antaño, el despertar y sentir lo mismo.

Mientras me duchaba para presentarme en sociedad de forma limpia y afeitada, pensaba en lo fome o extraño que es, luego de una noche de placer, despertar incómodo, sintiendo que quizás fue un error, o que da lo mismo lo que viene. No sabiendo bien quién está al lado mio; en la vida de un soltero pueden pasar mil cosas, aventuras, experiencias de una noche, pero sentir cariño es totalmente distinto.

Luego de mucha agua bajo el puente, puedo decir con facilidad que no soy de esos que se enamora, que sufre o que piensas en mantener algo, no creo en las relaciones, sino que en lo que se va a dando a cada momento. Agradezco la noche vivida, los momentos vividos y las caricias vividas.

Creo que es un motivo suficiente para volver a escribir, luego del ritmo aletargado de mi mundo rural, parecido a ese ir y venir de las gaviotas entre los barcos pesqueros y la playa, esa constante que jamás será noticia, que no rompe el stato quo, que no mueve mi engranaje, que no logra tocar ni lo más pequeño de mis sentimientos.

martes, 24 de abril de 2012

Noche de Pichidegua

Hoy es martes, la gracia de un día como hoy es tener mañana escrito con letra digna y segura la cuenta pública de la municipalidad, en la televisión un gran crítico de literatura recomendando un libro de Parra, como si fuera una coincidencia que recién recibió el premio Cervantes, un iluminado de la literatura.

Yo viendo como se hace cultura en mi querido Santiago a través de los grafitis y de la idolatría de un negro americano, sólo por parecer un clon de Willy Smith, aunque para nosotros los sudacas, cualquier negro es un clon de él.

En Pichidegua el mundo es distinto, algunas cosas siguen siendo básicas, la vida transcurre entre cerros y disfrutar con gente cercana, hoy disfruté un gran asado y más allá de que la carne hubiera estado más que rica, es simplemente que disfruté con personas muy lindas, con personas que con abrir las puertas de su casa demostraron que abrieron las puertas de su corazón.

Qué hago yo en Pichidegua? una pregunta que día a día la he hecho, pero la respuesta está a flor de piel, es un lugar donde hay gente muy hermosa, donde más allá que los radicales, hay gente a quienes quiero mucho, porque mi 6to  y 7mo sentido me dicen que sólo quieren  lo mejor para Chile.

Ahora mi ojos se cierran, que tengan buena caza

domingo, 18 de marzo de 2012

Pichidegua

Hace muchos años molestaba a una compañera de la universidad por vivir en Rengo, a diario le decía: "¿cómo puedes vivir en Rengo? ¿a caso está en el mapa?, he pasado cientos de veces por la carretera desde Chillán a Santiago y existe San Fernando y Rancagua, pero ¿Rengo?".

Como siempre, la lengua condena las burlas, pasaron los años, y me fui a trabajar con un honorable diputado de la república, el distrito era el 33... vale decir, la ciudad más grande era Rengo. Pasé aproximadamente 90 días de mi vida en esa ciudad, pero intercalados durante algo más de 6 meses, aprendí a querer el distrito, sus paisajes, la región, la gente y hasta a algunas de sus autoridades, casualmente, sólo los radicales y algunas amigas socialistas. En definitiva, pensé que jamás estaría en un lugar más lejano o desconocido que Rengo.

El tiempo pasó, deambulé entre Chillán y Santiago, como es la costumbre histórica, hasta que un llamado llegó justo en el momento preciso, no sé si fue un momento de debilidad, la necesidad de parar el mundo que da vueltas cada vez más rápido o simplemente un poco de desilusión del mundo que me rodeaba.

A veces cuando día tras día se ve la maldad de tanta gente, de gente inculta, gente cultísima, uno que otro diputado octogenario o por lo menos cercano a esa edad, provocan cansancio, bajan las energías y lo peor, las ganas de hacer cosas.

Así vine a dar a Pichidegua, una comuna de casi 20 mil habitantes que limita con Palmilla, Peumo y Las Cabras, la conectividad es espectacular si se tiene un automóvil, aunque sea pequeñito, para un peatón como yo, posterior a las 19 horas se transforma en una cárcel, no hay buses ni colectivos para salir a la "civilización", con eso me refiero a lugares como San Vicente de Tagua Tagua, Rengo o Rancagua.

¿Qué hago acá?, esa fue la gran pregunta que me hice en mi primer día laboral, aunque debo reconocer que hoy fue la última vez que me pregunté esto. En lo estricto, soy el encargado de comunicaciones del municipio, un lugar donde hay mucha libertad de hacer, y a veces, de no hacer, estoy en un rinconcito de la alcaldía, escondido con mi netbook tras un pequeño escritorio, me pueden encontrar en la radio haciendo el programa municipal, en la oficina del jefe (alcalde), en muy pocas ocasiones podrán verme en la oficina del lado conversando de la inmortalidad del cangrejo o cualquier otra cosa que libere mi cabeza de algo que me pueda estresar.

Reconozco que la lentitud me irrita, el día es eterno, porque la gente parece que escuchó mucho a los griegos y buscan el ocio para poder encontrar grandes ideas, las cosas que en mi vida en el Congreso eran para antes de ayer, acá son para pasado mañana "yo creo", un mundo distinto al que me cuesta acostumbrarme.

El pueblo, un lugar creado por Dios, para quienes crean en él, algunos podemos decir que el Gran Arquitecto del Universo puso su mejor esfuerzo en dar forma a estos paisajes, sectores lindísimos, podría definir que Pichidegua es una comuna hecha postal, cada sector es un lugar que se agradece conocer. Su gente es variada, hay sectores tranquilos, como El Salto, Santa Amelia y San Roberto, así como otros un poquito más conflictivos como Pataguas Cerro y San José de Marchihue, pero cada uno con su encanto.

El pueblo son tres calles largas, en la del medio que se llama independencia se encuentran los dos supermercados, la plaza, la municipalidad, el hospital, el hogar de ancianos, el gimnasio, liceo y cuanta cosa se les pueda ocurrir que pueda haber en un pueblo chico. Debo reconocer que también hay un
pasacalle hecho por mi, que anuncia la llegada del BancoEstado a la comuna, gestión que acompañé a realizar y que hoy algunos se molestan porque se de a conocer.

Acá también hay gente mala, nunca he podido entender si la gente quiere el poder por el dinero que conlleva tenerlo o por satisfacer el ego, una gran pregunta que puede tener muchas más respuestas, en el caso de Pichidegua, creo que sería cada una por sí sola, el dinero y el ego. Ya soy conocido en la localidad por los comentarios malintencionados de un par de hermanos, pero si en una comuna de casi 20 mil habitantes en dos semanas me hago notar, sin duda se me infla el pecho como palomo y mi ego llega al cielo, no todos pueden hacerse relativamente famosos sin moverse de su escritorio, como versaba un antiguo comercial de financiera.

Estar acá es una aventura, se quiere a los forasteros por 15 minutos, luego exigen que todo debe ser entre y para los vecinos de Pichidegua, aunque he visto maldad, también me encontré con personas de apariencia buenas, de apariencia confiables, y digo de apariencia porque en el fuero interno nadie lo puede saber.

Por ahora sólo una parte de la historia, pronto un poco más de esta crónica.

domingo, 17 de julio de 2011

Un fin de semana al aire libre

Viajar siempre es un placer, aunque sea a San Bernardo o Melipilla, pero en esta ocasión fue en un bus al sector llamado "Granizo" en la comuna de Olmué. El escultimo logra fenómenos que no se dan en la sociedad actual, logra mezclar personas de distintos logares, realidades socio ecoómicas y culturales en un solo círculo, en actividades entretenidas al aire libre, lejos de la televisión, el computador y los vicios en los cuales suelo caer cada fin de semana.

Algunos podrían decir que el escultismo es una religión, en lo estricto de la palabra, que proviene de religare, ya que tiene la característica de ser universal y de unir con un fin, éste es la formación del carácter de los muchachos logrando hombres libres y respetuosos, buenos ciudadanos para una sociedad cada vez más enfermisa e individualista.

Mi gran placer es pertenecer a instituciones, conocer, comprender y enseñar, pero sin duda, lo más gratificante es trabajar con niños, con aquellos que te llevan a hacer cosas que no harías ni por ti mismo, esos niños carentes de afectos que buscan comprensión y cariño.

Estos dos días en campamento bajo techo (carpas armadas dentro de un internado), más allá del frío de una Campana nevada, de la lluvia con toques marinos, fue un reencuentro con lo que me ha apasionado toda la vida, vivir al aire libre, lejos de noticias, temblores, problemas mundanos, lejos de la realidad que nos carcome día a día y que nos cansa de sólo pensarla.

Algunos de verdad soñamos dejar el mundo mejor de como lo encontramos, tal como nos pidió nuestro fundador Baden Powell en su último mensaje, aunque vemos en las noticias que el mundo va en retroceso, que el desarrollo es sólo económico, ni intelectual ni social, bueno, dependiendo del lugar geográfico donde se realice la medición.

Olor a tierra húmeda, arboles nativos y muy en especial... a boldo. Acampar siempre es un buen panorama, especialmente cuando los sueños vuelven a nacer en los ojos incrédulos de alguien que comienza a vivir lo mismo que muchos hemos hecho y seguimos haciendo hasta el día de hoy.

Este viaje fue a Olmué y a cada fogata que he vivido durante toda mi vida, fue el Lago Ranco, el Rosal, Los Lleuques, Los Ángeles, San Fabián, Melipilla, Talagante, Isla de Maipo, Minas del Prado, Chillán, Chivilingo, Cerro Negro, y decenas de otros lugares, donde al son de la canción del adios o del cumbayá he cmpartido este oasis de buenas intensiones. De regreso al mundo terrenal ya estraño las canciones, conversaciones y caminatas, es un tacto adictivo, creo que mucho más que el tabaco.

viernes, 8 de julio de 2011

RECURDOS DE UN SER DESCONOCIDO

En la lejanía del tiempo y la distancia, encasillado en un mar de recuerdos, comienzo a descubrir que el mundo actúa, piensa y ama lejos de mi solapado mundo de viajes libres, de conversaciones interminables y en un sinfín de conocer personas cada vez más interesantes.

Recorrer el mundo hace que en cada momento se adquieran nuevas experiencias y conocimientos, nuvas formas de ver la vida; aunque el aprendizaje de los más vetustos se renueva cual ave Fénix en mi comportamiento cada vez más relajado, tranquilo y solitario.

Regalo útil para vivir feliz es una carretera con un buen fin, o como dice Aleks Syntec: "el camino no se acaba, continuaré sin descanso, si logro llegar hasta un punto final, donde no hay más por andar"... el resto del tema lo abandono, porque el seguir recordando y pensando en utopías de distancia desconcentra mi caminar firme y claro por la "vereda tropical", quiero seguir en un viaje perpetuo, conocer a más personas que los que habitan China, aunque sin su tradicional cara de sospecha de estos individuos con color a demócrata cristiano (no es Xenofobia, sino que simplemente una analogía para alegrar una tarde de empate futbolero y comienzo de tendinitis).

Existen historias de intermedios en el andar, como los conflictos de quienes tienen cuarenta o llegando a los cincuenta, el conocer los dramas de las mujeres y la libertad de los hombres que sólo buscan saciar las ancias de compañía, o esas féminas descritas mamonamente por Arjona que no se liberan de los rollos y traumas provocados por la falla en un matrimonio. Quizás al comenzar un camino junto a alguien significa una proyección total que se rompe con una separación, y que muy en especial, rompen su propia proyección perfecta de la autoimágen.

Soñar en solitario significa lograr metas personales y hacer el quite a cualquier elemento que signifique cambiar de riel, cambiar prioridades y cambiar un paradigma casi perfecto. Equilibro en la autoimágen, equilibro en el actuar y pensar, sensación de tranquilidad que me molesta, pues las metas, logros y muy en especial, las desepciones provocan que mi vida suba y baje, vale decir, que viaje por el mar de los comportamientos y la persepción.

Debo un café, una ida al cine, un almuerzo y espero dos visitas, todo marcado por distintas sensaciones de cariño, semicariño, atracción, casi amor, enrredos de mi cabeza en los mil mares de mas sensaciones... esos deseos de abrazar, y esa rabia cuando sientes que perdiste a quien crees que es la mujer más importante de tu vida (sin pensar en la familia, obvio).

Me carga la sensación de pacividad y resignación, esa idea católica del dolor, de la otra mejilla, del sufrimiento por el prójimo, ese "dar hasta que duela" del padre Hurtado. Prefiero no el egoísmo, sino que el ombliguismo extremos a la hora de lograr metas, olvidar el sentir por un fin, por tener elementos exquisitos para volar por las nubes y contemplar a quienes caminan en el mundo de los "de a pié". Es como pensaba el mítico Juan, pero no Juan el bautista, ni Juan Pablo II, sino que "Juán Salvador Gaviota", el que se perfeccionaba en conocer y volar, quien alcanzaba grandes velocidades para conocer las sensaciones de surcar el cielo con la velocidad de un águila. Juan miraba desde muy arriba como las gaviotas normales iban y venian desde la tierra firme a los pesqueron, sin otra finalidad que alimentarse; él sentía que debía aprovechar sus capacidades para ser más que lo impuesto socialmente por la bandada de la comida, él tenía como finalidad volar, muy alto y muy rápido.

No tengo alas de gaviota, pero me cargan los de la bandada de la comida, los que van en la mitad de la ola, los que asumen con una reverencia, los que aceptan para no complicarse la vida. Me gusta estar con los ojos más abiertos y sin ataduras que me permitan elevarme, volar. Por ahora sonrío al mundo, extraño a un par de gremlin, a unas cuantas gaviotas y a un picaflor volador, pero miro al horizonte y más que ver gente tan común como en una foto del paseo Ahumada, veo un horizonte sin fin.